Existen muchas teorías respecto al amor y el desamor, pero como en todo artículo, aunque el escritor se base en datos científicos, todos terminamos mostrando una mezcla entre las teorías, los datos científicos y nuestra propia experiencia vital.
En primer lugar, me gustaría hacer alusión a la teoría de apego de Bowlby, que hace referencia a los vínculos de apego que establecemos con nuestros cuidadores, generalmente los padres, pero puede ser cualquier figura que haya hecho de modelo femenino y de modelo masculino.
La forma en la que establecemos ese vínculo supedita nuestra forma de relacionarnos con la persona objeto de deseo. Iremos repitiendo esa forma de conducta, que aprendimos con la madre y/o con el padre, con nuestras relaciones, y las relaciones en las que más se notará ese vínculo, será en aquellas relaciones dónde nos entreguemos más.
En segundo lugar, y lo he dejado para este momento porque se va a desarrollar más, tenemos el concepto de la atracción. Aquí se establece el filtro, cuya función es delimitar el objeto de deseo (ya sea amistad, pareja etc…).
Cuando hablo de deseo no me limito a la atracción sexual, sino a aquellas personas que captan nuestra atención y valoramos para una relación en la que abrirnos o establecer algún tipo de vínculo menos superficial.
La atracción, para mí, tiene muchos aspectos: fisiológico/hormonal; visual/físico; intelectual; íntimo o de afinidad; expectante y memorial. Puede aparecer sólo uno o darse varios a la vez, y eso va a desencadenar el proceso de enamoramiento.
Voy a explicar a qué me refiero con cada uno de ellos:
- Fisiológico/ hormonal: atracción dada a un nivel instintivo, relacionado directamente con las feromonas de esa persona, su olor. Es cuando te sientes atraído hacia alguien que no tiene porqué gustarte de ninguna otra manera y sin embargo tu cuerpo se relaja y/o excita al entrar en contacto cercano.
- Visual/físico: atracción dada por un conjunto de recuerdos visuales, vinculados a la infancia y adolescencia, que asociamos con rasgos de personas concretas que nos impactaron de alguna forma positiva. Estas experiencias van a predisponernos con el paso de los años a sentirnos atraíd@s hacia rasgos físicos concretos que se irán acumulando en nuestra memoria creando prototipos conscientes o inconscientes.
- Intelectual: atracción que nace por la afinidad mental a los valores, forma de pensar o aprendizaje con una persona.
- De afinidad/ íntimo: se da cuando con una persona nos sentimos “como en casa” y está muy vinculado a relaciones de confianza que establecimos en la infancia/adolescencia.
- Expectante: es una atracción relacionada con las expectativas que hacemos al conocer a una persona y está más relacionada con experiencias del pasado y expectativas futuristas que con la realidad presente.
- Memorial: atracción que se desarrolla hacia alguien, que inconscientemente, nos recuerda a otra persona por quien sentimos mucho (en uno o varios aspectos). Es una forma de atracción que puede englobar todas las anteriores y es la que desencadena, en mi opinión, patrones pasados y conductas de dependencia y/o huída.
A modo resumen, yo definiría el curso de la atracción como algo instintivo (feromonas) y de afinidad (atracción hacia personas que nos recuerdan a personas de confianza) en las primeras fases de nuestra vida; y que con el tiempo, evoluciona en una atracción basada en nuestras experiencias vitales (recuerdos visuales, intelectuales, expectativas y memoria) junto con lo instintivo y relacional.
Cuantas más características se activen en el contacto con alguien, mayor es la probabilidad de enamoramiento.
Y cuantas más hormonas se activen en nuestro cerebro en ese contacto, más duradera y mayor compromiso se experimentará con esa relación. Al final, vemos que no podemos separar mente (recuerdos y pensamientos), emoción (experiencias) y cuerpo (hormonas).
Y para concluir, añadiré que, con el paso de los años, las mismas experiencias que nos hacen crecer, generan una serie de patrones (unos positivos y otros negativos) que aumentan la atracción hacia aquellas personas que nos permiten revivir lo “bueno” y lo “negativo” para poder superarlo y seguir creciendo como seres humanos. En nuestras manos está superar nuestros miedos y errores para poder forjar unas relaciones sanas, duraderas y estables.
No podemos exigir al otro, lo que aún no hemos desarrollado en nosotros mismos.
Nos enamoramos de aquellos que nos impulsan a crecer; aquellos que al inspirarnos o “causarnos” dolor, nos sacan de nuestra zona de confort motivándonos a crecer.
Con amor,
Pilar M.
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