¿Cómo funcionan las relaciones?

Como comentábamos en el artículo anterior sobre el enamoramiento, nos enamoramos de una serie de características que por un lado nos hacen sentir afinidad; bien sea física, psicológica, relacional, expectante y memorial (recordemos los diferentes tipos de atracción en ese artículo); y por otro nos enamoran las características que nos pueden ayudar a evolucionar (porque la otra persona nos inspira y/o por que nos causa, en algún área, rechazo/dolor; y ello nos saca de la zona de confort).

En todo este proceso, intervienen además, un montón de procesos químicos de necesaria explicación para entender en profundidad todo el proceso de amor/desamor. Estos procesos químicos, llamados neurotransmisores, median en la intensidad del vínculo.

Y son estas pequeñas biomoléculas mensajeras, que se adhieren a nuestro cerebro y a nuestro intestino, las causantes de la obsesión, atracción, placer/rechazo, dependencia y compromiso. Estas moléculas van cambiando en número en función de la etapa en la que nos encontremos.

  • Vasopresina: aporta atracción sexual. Se libera en grandes cantidades con algunas drogas, como el alcohol y es la causante de la micción recurrente.
  • Dopamina: imprescindible en cualquier vínculo, pues aporta motivación por la relación, es la causante de la concentración, motivación y dependencia; su déficit causa sensación de desamor. En toda relación se establece dependencia en algún nivel, depende de nosotros, que ese vínculo sea sano. Si una relación sufre muchos altibajos, podemos caer en una dependencia patológica pues nuestros niveles de dopamina bajan y suben tan bruscamente que desequilibran todo nuestro cuerpo. La dependencia patológica aparece cuando pasamos de estar en unos niveles más o menos estables de esa neurohormona, a sufrir fuertes déficits (por repetidas discusiones, castigos directos o indirectos de la pareja o amig@), con la posterior subida brusca de ese neurotransmisor, en el reencuentro, lo que nos genera inestabilidad y un proceso de adicción, como si de una droga exógena se tratase. Funcionan bajo el mismo mecanismo. Para mantener el estado de felicidad, aumentamos el valor psicológico de esos “reencuentros” con la persona objeto de deseo, creando una falsa realidad que mantiene en el tiempo ese vínculo…que cada vez cuesta más romper. He aquí parte de la explicación fisiológica de porqué se mantienen relaciones tóxicas.
  • Feniletilamina: yo la llamo la molécula de la obsesión. Se genera en el primer contacto y mirada en algunos casos. Es la causante de falta de apetito y problemas de sueño. Suele aparecer en la primera etapa de la relación para que nuestra atención se focalice en esa persona y poder así establecer un vínculo.
  • Serotonina: neurotransmisor del placer, su déficit genera agresividad, y al igual que la anterior, obsesión. Me atrevería a decir, que es la hormona que más nos cuesta producir en un proceso de separación y por lo tanto, una de las más responsables en la dificultad para soltar un vínculo tóxico. Se ve reforzada con las relaciones sexuales y los buenos momentos.
  • Oxitocina: hormona del bienestar, paz, confianza, compromiso y apego. Aporta fidelidad y monogamia. Se produce en cantidad con unas relaciones sexuales satisfactorias y cuando tenemos una relación de bienestar con la otra persona. Presente en el embarazo y el parto (establece el vínculo madre-hij@).

Todas estas neurohormonas se producen en nuestro cuerpo de forma natural, por lo que podemos aumentar sus niveles de muchas maneras: alimentación, deporte, contacto físico y rutinas son algunas de las maneras más rápidas y saludables.

Ahora que ya conocemos lo que aparentemente no podíamos controlar de nuestro cuerpo, vamos a entrar en materia psicológica-emocional.

A estas alturas, ya tendrás muchas reflexiones y respuestas a la pregunta de porqué nos enamoramos pero…¿Porqué no funcionan?

Empieza por hacer una lista con todos los motivos por los que han “fallado” tus relaciones personales más importantes. Luego observa si esas cosas las ves en tu familia, incluso entre tus propios padres/cuidadores. Por último, y esta es la parte más difícil, porque implica valor y responsabilidad…¿Reconoces esas cualidades en ti?¿Puedes observarlas en algún área de tu vida?

Solemos quejarnos de la falta de implicación por la otra persona, del exceso de control, del miedo al compromiso, miedo a sentir, falta de responsabilidad, comportamientos infantiles, agresividad, falta de respeto, inestabilidad y un largo etc…

¿Te reconoces en alguno de esos comentarios? ¿Puede ser que pasen en alguna otra área de tu vida, como el trabajo, familia, ocio…?

Otra variable a tener en cuenta, es la comunicación y el respeto. ¿Te comunicas con la otra persona? ¿Le expresas desde el respeto cómo te sientes? ¿Te expresa sus sentimientos? ¿Confundes hablar las cosas que os preocupan por discutir? ¿Evitas el conflicto? ¿Recurres al conflicto con tu pareja de forma habitual y sin mostrarle respeto?

Tanto la confrontación constante con faltas de respeto, como la no comunicación, son variables que toxifican, complican y estropean las relaciones personales.

Expresarnos implica mostrarnos, y muchas veces nos da miedo por el rechazo que pudiésemos experimentar al hacerlo. De la misma forma, la agresividad ante el conflicto, es una forma de miedo que esconde el temor a ser vistos como vulnerables. Parecen respuestas muy diferentes pero tan sólo son dos formas de conducta con una raíz común: miedo.

¿De qué sirve establecer un vínculo, desnudar tu cuerpo frente a otro, pero a la hora de la verdad, no desnudar nuestro corazón? Muchas veces, buscamos una intimidad que no ofrecemos, y eso nos causa un vacío que sólo podemos llenar nosotros mismos. El tiempo y el trabajo con uno mismo, junto con una buena dosis de autoaceptación, son la clave para permitir una intimidad real, basada en el amor, aceptación y respeto hacia nosotros y hacia los demás.

El trabajo real de porqué no funcionan las relaciones personales, empieza y acaba por ti.

Si quieres que algo funcione, empieza por ofrecer lo que buscas en el otro, y para ello, debemos bucear en nuestro interior y reestructurar lo necesario para vivir en paz y armonía.

Cuando tu cambias, se acercan personas diferentes, más afines a tu nuevo y mejorado “Yo”; si permaneces constante, la historia se repite. No podemos culpar a los demás de ser nuestros propios espejos, pues el acto de ser un reflejo nuestro, de mostrarnos aquello que no nos gusta (y también de lo que nos inspira y gusta), es un acto de amor infinito. Aceptar la responsabilidad y amarse a uno mismo, es la raíz del amor al otro, porque implica la aceptación de uno mismo, y sólo así, el amor se torna puro e incondicional. La no condición, nace cuando no nos negamos y tenemos el valor de vernos en todas nuestras facetas. En esa no condición, podemos amar al otro, y es en este punto donde podemos tomar la decisión de seguir creciendo junt@s o amar en la distancia.

Quería cerrar este artículo, dando las gracias a Ricardo Alfós, director del CaixaForum de Zaragoza, por invitarme este invierno a las jornadas sobre el amor y sus procesos biológicos, pues ayudaron a tejer y a dar un formato más científico, a parte de este artículo.

También quería agradecer a mi amigo Asier Requejo, por recordarme la importancia de hablar sobre la comunicación y el respeto. “Comunicar nuestros sentimientos e inquietudes, con respeto, es la base de cualquier relación sana”.

Si quieres que trabajemos sobre alguna dificultad a este respecto, reserva tu cita en: https://encuentratuequilibrio.com/reservas/producto/psicologia-sanitaria/

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