A lo largo de la vida nos hacemos la pregunta de si éste es el camino que tengo que seguir, y cuando aparece suele ser el preludio de un gran avance evolutivo en nuestra existencia.

Dicha duda asalta en nuestra cabeza como una granada de mano. Sabemos que urge la necesidad de dar respuesta a esa pregunta o al menos, siendo más realistas, un acercamiento a ella. Quema en nosotros como si le hubiéramos quitado la anilla y fuera a explotar en cualquier momento a no ser que elijamos un sitio hacia donde dirigirla, el sitio correcto.

Puede que un día estemos en nuestro puesto de trabajo y pensemos ” ¿es ésto lo que quiero seguir haciendo?”, “¿para ésto he dedicado mis esfuerzos, mi tiempo y mi dinero?”. También nos puede ocurrir con nuestras amistades, que un día veamos que hemos cambiado tanto que nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos ya no se complementa como antes.

Otra de las cuestiones más importantes en las que aparece esta granada es en la pareja, y seguro que estaréis de acuerdo en que en estos casos parece mas bien un bazoca enorme con el que no sabemos hacia donde apuntar, lo único que tenemos claro es que una vez que aparece con tanto peso hay que darle salida y dirección.

La cuestión es simple cuando aparece la duda sin una respuesta firme y clara “¿y ahora qué hago con esto que siento?”. Lo primero que debemos observar y valorar es que somos conscientes de ello, estamos aceptando que no somos felices con la situación actual. Lo segundo más importante es examinar qué es lo que hay de diferente ahora con respecto a cuando embarqué ese viaje ¿qué ha cambiado en mí?.

Valorar los pros y los contras de seguir como estoy o atreverme a salir de la falsa zona de confort, también llamada miedo a la incertidumbre, es indispensable para razonar la situación de manera objetiva. Probablemente nos encontremos con una gran lista de expectativas no satisfechas. Esto nos ayudará a darnos cuenta de que no disfrutamos del presente (ni ahora ni en el pasado) sino que lo teñimos de futuras promesas que confiábamos en que aparecieran y nos dieran esa felicidad tan ansiada cuando empezamos.

Debemos quitarnos el velo de la ignorancia para dar cabida a la sabiduría e intuición de nuestra alma.

El tercer paso a dar, en caso de que la balanza se incline en contra, es darle paso a nuestros sentimientos y defenderlos, de la misma manera que nos defendemos con uñas y dientes cuando alguien nos hace una crítica destructiva. Luchar por nuestro sentir, por nuestro corazón, es primordial aunque perdamos a gente que amamos en el camino…respetarse y amarse a uno mismo en cada momento es la base de la felicidad y de cualquier relación sana y duradera.

Quien se ama y se escucha, siempre encuentra el camino correcto.

Utilizamos las cookies para poder darte un mejor servicio. Si continúas navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies